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Martes 28 de marzo de 2017

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Ezequiel 47:1-9,12
Salmos 46:2-3, 5-6, 8-9
Juan 5:1-16

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"manantiales de agua viva" (jn 7:38)

"Y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa" (Ezequiel 47:1).

El agua goteaba "en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente" (Ez 47:1). Este chorrito se convirtió en un gran río que se vaciaba en el mar y saneaba el agua salada (Ez 47:8-9). Donde quiera que este río fluía, traía vida abundante (Ez 47:12). En el salmo de hoy, el salmista se refiere a "los canales del río alegran la Ciudad de Dios" (Sal 46:5). Porque Dios está presente en Su ciudad y en esta corriente, esta es un río de paz, donde el Señor "elimina la guerra hasta los extremos del mundo" (Sal 46:10). La lectura del Evangelio menciona el agua de la piscina de Bethesda, un hidromasaje espiritual, la cual daba curación a la primera persona que se sumergía en ella después de haber sido milagrosamente agitada (Jn 5:7).

La Iglesia ha elegido estas lecturas bíblicas sobre el agua para prepararnos para la renovación de nuestras promesas bautismales en las próximas dos semanas y media. Las aguas del bautismo son más grandes en importancia que el río de vida de Ezequiel, que el río de paz del salmista o la piscina de curación de Bethesda. Las aguas del Bautismo son más grandes en importancia que las aguas de la inundación en la época de Noé, que las aguas del Mar Rojo, e inclusive que las aguas del Jordán, donde Jesús fue bautizado. Cuando renovamos nuestras promesas bautismales, rechazamos a Satán, todas sus obras y sus promesas falsas. Nosotros creemos con todo nuestro corazón en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo. Así es como experimentaremos el poder del agua bautismal que es capaz de dar vida, salvar almas, purificar y liberar del pecado. Prepárate para hacer el acto de fe más grande de toda tu vida.

Oración:  Padre, me sumerjo en las aguas de tu amor.

Promesa:  "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía" (Jn 5:14).

Alabanza:  Cuando Esteban estaba en la sala de emergencia, empezó a comprender el sufrimiento y la necesidad de orar. Es cuando él se dedicó a orar por aquellos que sufren.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 30 de noviembre de 2016.

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