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Viernes, 6 de junio 2014

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san Norberto
Novena de Pentecostés - Día 8


Hechos 25:13-21
Salmos 103:1-2, 11-12, 19-20
Juan 21:15-19

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amor- pentecostés

"Por tercera vez Jesús le preguntó: 'Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?'" (Juan 21:17).

A medida que nos acercamos al final de la novena de Pentecostés y estamos ya ante la celebración de la Fiesta Pentecostés, Jesús continúa preguntándonos: "¿Me amas?". Hemos venido a Jesús, oramos, vamos a Misa. Por supuesto que amamos a Jesús. ¿Entonces, por qué Él nos pregunta una y otra vez si le amamos?

Podemos engañarnos sobre el amor. Podemos decir las palabras adecuadas y hacer las cosas bien, pero esto no es suficiente para vivir el Amor auténtico. Jesús nos advirtió: "No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?" Entonces yo les manifestaré: "¡Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal!" (Mt 7:21-23).

Lamentablemente, es posible perder nuestro amor. Jesús le dijo a la iglesia de Éfeso: "Pero debo reprocharte que hayas dejado enfriar el amor que tenías al comienzo" (Ap 2:4). Probablemente hay gente en el infierno que alguna vez amó a Jesús, pero perdieron su amor.

¿Cómo podemos amar de verdad? ¿Qué hay que hacer para mantener ese amor? ¿Cómo podemos amar con mayor profundidad? "Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado" (Rom 5:5). ¡Ven, Espíritu Santo de Pentecostés y el Amor!

Oración:  Padre, dame tal amor este Pentecostés que yo pueda traer Pentecostés repetidamente a los que me rodean.

Promesa:  "Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su Santo Nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no olvides sus beneficios" (Sal 103:1-2).

Alabanza:  San Norberto llevó una vida de comodidad y opulencia, incluso como un subdiácono de la Iglesia, pero experimentó una conversión que le cambió la vida después de escapar de la muerte. Vendió sus bienes, regaló los beneficios y eligió una vida de pobreza.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 1 de abril de 2014

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