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Domingo, 14 de junio de 2015

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11er domingo Tiempo Ordinario


Ezequiel 17:22-24
2 Corintios 5:6-10
Salmos 92:2-3, 13-16
Marcos 4:26-34

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esperando el juicio

"Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal" (2 Corintios 5:10).

Todos estamos a la espera del juicio. Jesús nos juzgará según nuestra fe manifestada en las obras (ver Mt 25:31ss). Seremos juzgados para dar cuenta de los talentos a nosotros encomendados (Mt 25:14ss). Así, Jesús espera que aquellos que habían recibido cinco talentos produzcan otros cinco (Mt 25:15). Tenemos la responsabilidad de dar fruto espiritual — para guiar a mucha gente al arrepentimiento, la salvación, la libertad, la paz y la vida en Cristo. Debemos dar fruto haciendo discípulos de todas las naciones (Mt 28:19), empezando con nuestros hijos, nietos, compañeros de trabajo, amigos, parroquianos y vecinos. Cuando muramos y nos enfrentemos al juicio divino, habremos de dejar un surco fecundo del que broten muchos frutos. Los que nos hayan conocido habrán de saber que la vida debe ser más respetada y protegida; los pobres habrán recibido de nosotros justicia y misericordia; habrán experimentado el Reino de Cristo de justicia, paz y gozo en el Espíritu (Rom 14:17).

Y sin embargo muchos de nosotros no veremos la abundante cosecha espiritual de nuestras vidas. Esto es normal hasta cierto grado, porque el desarrollo del Reino de Dios al principio es invisible (Mc 4:27). Incluso, cuando podemos verlo, al principio es tan pequeño como una semilla de mostaza (Mc 4:31). Sin embargo, si estamos unidos a Jesús (Jn 15:5) y si morimos a nosotros mismos (Jn 12:24), daremos fruto abundante y seremos juzgados como corresponde a nuestra fe y obras. Ama al Señor; da fruto; ve al juicio; ve al cielo.

Oración:  Padre, por tu gracia, que mi vida alcance algo grande para tu reino.

Promesa:  "Sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo" (2 Co 5:9).

Alabanza:  Alaba a Jesús, cuyo Cuerpo y Sangre son "la fuente y la cumbre" de nuestras vidas. ¡Aleluya! ¡Gloria a Dios por siempre!

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 10 de febrero de 2015

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