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Lunes, 23 de septiembre de 2013

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san Pio de Pietrelcina


Esdras 1,1-6
Salmos 126,1-6
Lucas 8,16-18

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un caso abierto y cerrado

"Al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener" (Lucas 8,18).

En la lectura anterior podría parecer, a primera vista, que Dios tiene favoritos, de la misma manera que el mejor estudiante parece ser favorecido por el maestro. Sin embargo, Dios "no hace acepción de personas" (Hch 10,34) y no tiene favoritos. El significado de Lucas 8,18 se vuelve más claro cuando lo leemos en el contexto de la parábola del sembrador y la semilla, la cual precede directamente a la lectura del Evangelio de hoy (Lc 8,4-15). "Aquél que tiene" es como el terreno que rinde frutos "al ciento por ciento" (Cfr. Lc 8,8). Dicha persona está constantemente abierta a la gracia de Dios. Puesto que el Señor derrama profusamente su Espíritu sin medida (Jn 3,34), "aquél que tiene" gracia siempre recibe más gracia (Cfr. Jn 1,16). Por eso, se le dará más al que tiene (Lc 8,18).

"Aquél que no tiene" se asemeja al primer tipo de tierra, el "terreno rocoso" (Cfr. Lc 8,6). Su corazón parece de piedra (Ez 36,26) y no permite que la gracia de Dios le penetre (Cfr. Heb 3,15; Jer 17,9). El Señor continúa derramando gracia abundante sobre dicha persona (Cfr. Mt 5,45), y ni aún el mundo, la carne y el demonio se la pueden robar (Cfr. Lc 8,12). Aquél que tiene, quiere más de Dios y participa activamente en el estudio de la Biblia, Misa frecuente o diaria, servicio a la comunidad cristiana y por eso recibe más. Aquél que no tiene cierra su corazón a estas avenidas de la gracia de Dios. La poca gracia que le quedaba la dejó que se le fuera.

Por eso, cierren su corazón a los placeres del mundo y "abran su corazón" (2Cor 6,13) a la gracia de Dios.

Oración:  Padre, cuando escuche tu voz que no se me endurezca el corazón (Heb 3,7-8). Dame un nuevo corazón para amarte (Ez 36,26).

Promesa:  "Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado" (Lc 8,17).

Alabanza:  San Pio fue bendecido más allá de lo imaginable y compartió esa bondad con muchos otros.

Referencia:  (Esta enseñanza fue remitida por un miembro de nuestro equipo editorial.)

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 5 de mayo de 2013

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