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Miércoles, 25 de julio de 2018

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san Santiago


2 Corintios 4:7-15
Salmos 126:1-6
Mateo 20:20-28

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el hijo de mamá

"Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo" (Mateo 20:20).

La madre de Santiago estaba orgullosa de sus hijos Santiago y Juan. Sus hijos estaban acercándose rápido a la cima del incipiente Reino de Dios. Ella observó a sus hijos comenzar a volar hacia el reino de Jesús, dejando el negocio de la familia para seguir a Jesús (Mt 4:22).

Sus hijos rápidamente se convirtieron en dos de los tres apóstoles más importantes, es decir, Pedro, Santiago y Juan. Estos tres eran íntimos privilegiados de Jesús y se les concedió un acceso especial a Él no dado a los otros apóstoles (ver Mc 5:37; 9:2; 14:33).

Cuando ella le pidió a Jesús que promoviera a sus hijos para superar a Pedro, Jesús corrigió suavemente a la madre y a sus hijos diciendo: "El que quiera ser el primero que se haga su esclavo" (Mt 20:27). Luego, Jesús llevó a la familia a la escuela de la cruz. La madre pasó la prueba, siguiendo a Jesús a la cruz, atendiendo a Sus necesidades (Mt 27:55-56). Juan también pasó la prueba, al pie de la cruz con Jesús (Jn 19:26-27). Santiago fracasó miserablemente, abandonando a Jesús y huyendo aterrorizado (Mc 14:50).

Después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 2:4), Santiago vio a su hermano sobrepasarlo en estatura (ver Hch 3:1ss; 4:7, 13:19). Finalmente, Santiago comprendió la lección de Jesús de un humilde servicio. Después de fracasar en el Calvario, pasó la prueba más grande del discipulado y se convirtió en el primero de todos (Mt 20:27), fue el primer apóstol en dar su vida por Jesús en el martirio (Hch 12:2). Con el santo Santiago, permitamos que Jesús haga de nuestros fracasos Sus mayores victorias.

Oración:  Jesús, soy una olla agrietada (2 Co 4:7), pero Tú eres el Alfarero (Is 64:7; Jer 18:6). Moldéame como quieras, para Tu gloria.

Promesa:  "Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones" (Sal 126:5).

Alabanza:  Santiago era un evangelista tan poderoso que sus enemigos estuvieron "complacidos" de verle decapitado (Hch 12:3).

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 28 de diciembre de 2017.

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