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Martes, 3 de abril de 2018

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Semana de Pascua


Hechos 2:36-41
Salmos 33:4-5, 18-20, 22
Juan 20:11-18

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la huerta de la victoria

"Ella, pensando que era el cuidador de la huerta" (Juan 20:15).

María Magdalena estuvo a los pies de Jesús en la cruz el Viernes Santo (Jn 19:25). "En el lugar donde lo crucificaron había una huerta" y en esta huerta Jesús fue enterrado (Jn 19:41-42). Jesús ya había profetizado que "si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12:24). Dentro de esta huerta en el Calvario se encontraba el terreno donde el cuerpo de Jesús fue enterrado. El cuerpo sin vida de Jesús descendió al sepulcro, pero el que se levantó era un cuerpo glorioso (1 Co 15:43-44). El cuerpo de Jesús resucitado era misteriosamente diferente al que había sido enterrado (1 Co 15:37ss).

María Magdalena era parte del grupo que había acompañado a Jesús por ciudades y pueblos (ver Lc 8:1-2), y ella permaneció siguiendo a Jesús aún después de Su muerte. Si una persona debía ser capaz de reconocer a Jesús, esa persona debía ser María. Sin embargo, al ver a Jesús resucitado, María Magdalena no pudo reconocerlo. Ella pensó que era el jardinero de la huerta (Jn 20:15). No obstante, María finalmente reconoció a Jesús porque:

  • ella fue al encuentro de Jesús (Jer 29:13-14; Mt 7:7),
  • ella entró por la puerta estrecha a través de la cruz en el Calvario (Mt 7:13) para encontrar a Jesús, y
  • ella atravesó la Puerta de Jesús crucificado (Jn 10:9) y al hacerlo, encontró una huerta (Jn 19:41).

Al final, María no se había equivocado. Jesús es el Jardinero de la huerta (Jn 20:15). Cuando entregamos nuestras vidas y todo lo que somos a Jesús, Él nos ofrece Su vida resucitada (Lc 9:23). Jesús derrama sobre nosotros el Espíritu Santo (Rom 5:5) para que podamos crecer y dar frutos. "Reciban el don del Espíritu Santo" (Hch 2:38). Vive la vida resucitada y crece en el "Paraíso de Dios" (Ap 2:7).

Oración:  Jesús, permíteme ir a tu encuentro como lo hizo María.

Promesa:  "María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor" (Jn 20:18).

Alabanza:  ¡Aleluya! ¡Alabado seas Jesús resucitado quien llama a cada uno de nosotros por su nombre!

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 11 de octubre de 2017.

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