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Domingo, 28 de agosto de 2016

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22do domingo de T. Ordinario


Eclesiástico 3:17-18, 20, 28-29
Hebreos 12:18-19, 22-24
Salmos 68:4-7, 10-11
Lucas 14:1, 7-14

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la humildad más humilde

"Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Lucas 14:11).

Jesús nos invita a humillarnos tomando el lugar más bajo (Lc 14:10) e invitando a "los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos" a comer con nosotros (Lc 14:13). La mayoría de la gente toma las palabras de Jesús como una sugerencia y aliento a ser humilde y ayudar a los pobres. Sin embargo, Jesús indica que sus palabras son para tomárselas mucho más en serio, como cuando concluyó su mandato diciendo: "¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!" (Lc 14:14). La llamada de Jesús a la humildad y el servicio es de importancia fundamental.

Cuando Jesús nos manda humillarnos, significa mucho, mucho más que si estas palabras vienen de cualquier otra persona. Jesús lavó los pies de los apóstoles (Jn 13:4ss) y "se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz" (Fil 2:8). Jesús se ha humillado al entregarse a nosotros en la Sagrada Comunión. Él es tan humilde que no se parece a Dios, ni siquiera a un hombre. Se parece al pan y al vino. Cuando este Hombre-Dios eucarístico y crucificado habla de humillarnos, Él habla con una profundidad y un amor mucho más allá de cualquier otra cosa que hemos oído.

Humíllate de acuerdo a la medida de Jesús.

Oración:  Jesús, enséñame a ser "paciente y humilde de corazón" (Mt 11:29).

Promesa:  "Realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios. Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor" (Eclo 3:17-18).

Alabanza:  ¡Alaba a Jesús, Que es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre! (Heb 13:8)