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Sábado, 20 de agosto de 2016

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san Bernardo


Ezequiel 43:1-7
Salmos 85:9-14
Mateo 23:1-12

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que sea la gloria

"Yo vi que la gloria del Dios de Israel venía desde el oriente" (Ezequiel 43:2).

Debido a que el pueblo se negaba a arrepentirse, "la gloria del Señor se levantó de la ciudad" de Jerusalén (Ez 10:23). Sin embargo, Dios prometió que un día Su gloria regresaría a Su pueblo (Ez 43:4, 7). Esa promesa se cumplió de una manera inimaginable cuando Dios se hizo hombre.

San Juan proclamó: "la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto Su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único" (Jn 1:14). Cuando Jesús nació, los ángeles cantaron: "¡Gloria a Dios en las alturas!" (Lc 2:14)

Antes de Su muerte, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto" (Jn 13:31-32). El cuerpo de Jesús fue glorificado en Su resurrección (ver Fil 3:21).

Sin embargo, muchos de nosotros no experimentamos la gloria de la presencia y el poder de Dios. Al igual que Ezequiel, vivimos durante años sin la gloria de Dios. Debemos arrepentirnos, dar nuestras vidas totalmente al Señor y recibir el poder del Espíritu Santo. Entonces la gloria de Dios vendrá a nosotros. "En su Templo, todos dicen: '¡Gloria!'" (Sal 29:9)

Oración:  "Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como fue en el principio, es ahora y será para siempre. Amén".

Promesa:  "Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Mt 23:12).

Alabanza:  San Bernardo fue conocido por su piedad y espiritualidad profunda y fue buscado como guía por su sabiduría. San Bernardo y otros treinta jóvenes nobles entraron juntos al monasterio.