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Miércoles, 8 de abril de 2015

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Semana de Pascua


Hechos 3:1-10
Salmos 105:1-4, 6-9
Lucas 24:13-35

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corazón ardiente

"¿No ardía acaso nuestro corazón?" (Lucas 24:32).

Jesús pasó la tarde del día de su resurrección caminando y conversando con dos de sus discípulos. "Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a Él" (Lc 24:27). A medida que Jesús enseñaba las Escrituras a sus discípulos, sus corazones empezaban a arder dentro de ellos (Lc 24:32). Esta sensación indicaba que sus corazones estaban siendo purificados. Así, Jesús pasó la tarde de su resurrección purificando los corazones por medio de la enseñanza de la Biblia (ver Ef 5:26). Jesús está haciendo lo mismo en este día de resurrección (ver Heb 13:8).

Si permitimos que Jesús purifique nuestros corazones, nuestras palabras se vuelven poderosas, sanadoras y transformadoras de vida, pues hablamos de la abundancia de nuestros corazones (Lc 6:45). Por ejemplo, antes de que el corazón de Pedro fuera purificado por el fuego del Espíritu Santo, sus palabras, a menudo, eran orgullosas y carentes de fuerza. Sin embargo, después de Pentecostés, las palabras de Pedro eran "espíritu y vida" (ver Jn 6:63). Él guió 3,000 personas a Cristo en el Primer Pentecostés cristiano (Hch 2:14, 41). Él le dijo a un hombre cojo de nacimiento que caminara y el hombre fue sanado (Hch 3:6ss). El Espíritu Santo descendió sobre la familia de Cornelio cuando Pedro empezó a predicarles (Hch 10:44).

Cuando hablamos con un corazón puro, hablamos con el corazón de Dios. Entonces, hablamos con el poder de la Palabra de Dios. "Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios" (Mt 5:8).

Oración:  Padre, purifica mi corazón por la fe (Hch 15:9).

Promesa:  "Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan" (Lc 24:35).

Alabanza:  Alaba a Jesús, Quien tiene "la llave de la Muerte y del Abismo" (Ap 1:18) ¡Aleluya!

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 1 de abril de 2015

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