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Lunes, 22 de septiembre de 2014

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Proverbios 3:27-34
Salmos 15:2-5
Lucas 8:16-18

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una lampara a sus pies

"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz" (Lucas 8:16).

Estoy sentado ante el tabernáculo del Santísimo Sacramento. Este templo no es mi parroquia. No sabía dónde se encontraba el tabernáculo. Entonces busqué la luz ardiente dentro de la lámpara del santuario. Una vez que mis ojos ubicaron la lámpara, supe dónde estaba Jesús. Estamos llamados a ser como las lámparas del santuario. Que cuando la gente nos vea, puedan encontrar a Jesús. Como san Juan Bautista, podemos ser "la lámpara que arde y resplandece" (Jn 5:35).

La luz del Sagrario, en este templo, no es muy brillante. De hecho, es una luz tenue; sin embargo, el Santuario está en penumbra y la luz, aunque tenue, quien la busca la encuentra. Por lo tanto, no nos desalentemos, si sentimos que no somos precisamente estrellas brillantes comparadas con otros creyentes. Algunos cristianos brillan más que otros (ver 1Co 15:41). Lo importante es que nuestras vidas brillen con la gloria de Dios lo mejor posible.

La gente alumbra una calle o camino con luces de vela para señalar el camino a una fiesta. Nosotros debemos hacer lo mismo por Jesús. Nosotros, sus seguidores, llevamos "la luz del mundo" (Jn 8:12). Las naciones pueden encontrar al Señor por la luz de Jesús brillando a través de nosotros (Is 60:1). "Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará" (Ef 5:14). Entonces deja que tu luz brille públicamente para la gloria de Dios.

Oración:  Padre, permite que pueda reflejar tu luz al mundo para que la gente pueda ver la bondad en mis actos y te alabe (Mt 5:16).

Promesa:  "Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y Él reserva Su intimidad para los rectos" (Prov 3:32).

Alabanza:  Cuando la tormenta se desató, Carol fue un testimonio para todos los que la vieron ir caminando hacia la iglesia, como de costumbre, a pesar del mal tiempo.

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 23 de abril de 2014

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