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Domingo, 21 de septiembre de 2014

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25to domingo de Tiempo Ordinario


Isaías 55:6-9
Filipenses 1:20-24, 27
Salmo 145:2-3, 8-9, 17-18
Mateo 20:1-16

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mano de obra esclava

"El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña" (Mateo 20:1).

El Señor dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos" (Mt 9:37). Esto es una declaración inusitada; porque en nuestros tiempos cientos aplican a cada empleo. Además, la cosecha es el mejor momento para trabajar. Cosechar es más agradable que arar, sembrar, fertilizar o desyerbar. Finalmente, pensarías que todo el mundo quisiera trabajar para el Señor; porque Él paga un salario justo y a veces incluso, paga el día completo por sólo unas horas o minutos de trabajo (ver Mt 20:9). Entonces pues, si trabajar para el Señor es tan buen empleo y con buena paga, ¿por qué hay escasez de trabajadores?

Si trabajamos para el Señor, generalmente empezamos haciendo algunos trabajitos para él. Luego nos pide trabajar a tiempo completo. A continuación, Él quiere que estés siempre 'disponible'. Finalmente, el Señor nos pide que escojamos libremente servirle. Esto significa que ya no tenemos vida propia (Gal 2:20) ni hacemos nuestra propia voluntad (ver Mt 26: 39). Como esclavo de Cristo (ver Col 3:24), trabajamos sin pago y sin descanso. Mucha gente sólo quiere trabajar media jornada por el Señor. No desean que se les pida ser sus esclavos.

Pero el ser esclavo de Jesús es un privilegio, lo mejor que un ser humano puede ser o hacer. Ser esclavo de Jesús es la forma de expresar nuestro amor total por él. Aun más, es la única forma de prevenirnos a ser forzados en la degradante y deshumanizante esclavitud al mundo (ver Rm 6:16). Sin embargo, mucha gente ni comprende ni cree esto, por lo que hay pocos trabajadores para la cosecha de Dios. No obstante, podemos caminar y trabajar con fe (ver 2Co 5:7) ir hasta el final con Jesús, y convertirnos en sus esclavos. Hazlo.

Oración:  Jesús, gracias por convertirte en un esclavo por amor a mí (Fil 2:7). ¡Qué yo pueda corresponderte!

Promesa:  "Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia"(Fil 1:21).

Alabanza:  ¡Alabado seas Señor Jesús resucitado de entre los muertos! ¡Aleluya!

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 23 de abril de 2014

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