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Miércoles, 15 de octubre de 2014

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santa Teresa de Jesús


Gálatas 5:18-25
Salmos 1:1-4, 6
Lucas 11:42-46

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en guerra con la carne

"Porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos" (Gálatas 5:24).

La palabra "carne" en la Biblia se refiere a nuestra naturaleza como humanos caídos. "La tendencia de la carne es hacia la muerte" (Rom 8:6). ". . . porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su ley, ni pueden hacerlo. Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios" (Rom 8:7-8). Algunas obras de la carne son: "fornicación, impureza y libertinaje, idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza" (Gal 5:19-21). La carne se puede llegar a esclavizarnos (ver Rom 7:14) y procurará empezar una guerra civil en contra de nuestras propias almas (1 Pe 2:11). Por eso, no es razonable sino una estupidez hacer concesiones a los deseos de la carne (ver Rom 13:14; 8:12). No sólo se debe controlar la carne sino también crucificarla (Gal 5:24). De lo contrario, se frustra la acción del Espíritu (ver Gal 5:17), volvemos a ser esclavos y nos destruimos a nosotros mismos.

Nosotros crucificamos "la carne con sus pasiones y deseos" a través de la guía del Espíritu (Gal 5:17). "El Espíritu desea en contra de la carne, ambos luchan entre sí" (Gal 5:17). "Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán" (Rom 8:13). El Espíritu quiere toda nuestra atención, tiempo y energía. Luego nada queda para la carne, la cual muere por abandono e inanición. Aun cuando la carne intenta reivindicarse, se ignoran sus deseos porque estamos profundamente inmersos en el Bautismo del Espíritu. Que vivamos en el Espíritu y con el Espíritu. Que estemos tan llenos de Él de manera que no quede espacio para la carne.

Oración:  Padre, que mi amor por ti sea tal que me lleve a crucificar mi carne y a ser crucificado para el mundo (Gal 6:14).

Promesa:  "Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia" (Gal 5:22-23).

Alabanza:  Santa Teresa escribió: "Qué diferente sería nuestro amor, mucho más como el amor en el cielo, si realmente conociéramos a nuestro Señor!"

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 3 de junio de 2014

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