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Domingo, 7 de octubre, 2012

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27mo Domingo de Tiempo Ordinario


Génesis 2:18-24
Hebreo 2:9-11
Salmo 128:1-6
Marcos 10:2-16

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"Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de ellos es el reino de Dios." &#151;Marcos 10:14

Durante casi cuarenta años, hemos estado luchando para proteger a los bebés del aborto. Al principio, muchos de nosotros pensábamos que podíamos detener el aborto a través de educación y legislación. Con el pasar del tiempo, nos dimos cuenta que hacía falta más. Para detener el aborto, se requería cambiar los corazones de la gente. Esta fue una epifanía significante, pero descubrimos que hacía falta aún más. Debemos también luchar contra el demonio, ya que nuestra batalla no es contra los seres humanos, sino contra el mismo Diablo (Ef 6:12).

Ahora estamos empezando a ver que para luchar contra el aborto debemos también oponernos a la contracepción artificial, abuso de niños, y el divorcio. La contracepción artificial promueve el uso pecaminoso e irresponsable del sexo. Esto resulta en una demanda aún más grande por el aborto. Aquellos que fueron abusados de niños, abusan de sus propios hijos también, a menos que se dejen sanar por el Señor. El peor abuso de niños es el de matar a un niño mediante un aborto. Más allá de eso, el divorcio resulta en más divorcios para aquellos divorciados y para sus hijos y nietos. Cuando se divorcia de la pareja, podemos fácilmente divorciarnos y separarnos de la gente, inclusive de las personas más vulnerables de todas, niños en el vientre.

Mientras más tratamos, más vemos como es humanamente imposible para nosotros detener el aborto. Sin embargo, nos sentimos seguros que el aborto será erradicado, "porque nada es imposible para Dios" (Lu 1:37).

Oración:  Señor, llévate mi apatía para que nunca me divorcie de mi mismo, ni siquiera de las realidades más dolorosas.

Promesa:  "Un hombre deja su madre y su padre y se aferra a su esposa, y ambos se convierten en un solo cuerpo." —Gén 2:24

Alabanza:  ¡Gloria a Ti, Jesús, Rey de Reyes! Has ganado la victoria sobre el pecado y la muerte y te sientas a la derecha del Padre (Rv 3:21). ¡Aleluya!

Rescripto:  †Muy Reverendo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 13 de augusto de 2012

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