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Sábado, 25 de agosto de 2018

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san Luis y san José de Calasanz


Ezequiel 43:1-7
Salmos 85:9-14
Mateo 23:1-12

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humildad y realidad

"El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (Mateo 23:12).

Si no nos humillamos a nosotros mismos, el Señor lo hará por nosotros. Bien podemos empezar humillados y terminar exaltados, o comenzar exaltados y terminar humillados. Obviamente, nos conviene humillarnos ahora. Sin embargo, para hacer esto debemos saber qué es la humildad.

La humildad no es humillación. La verdadera humildad no significa achicarnos, sino enfrentar la realidad. La palabra "humildad" deriva de la palabra raíz que significa "tierra". La humildad es ser "realista". La realidad es que somos "recipientes de barro" (2 Co 4:7). Somos débiles, pero Él es fuerte. No podemos salvarnos a nosotros mismos, no importa cuánto nos esforcemos (Sal 49:8; Is 26:18). La realidad es que somos totalmente dependientes de Jesús para la vida terrenal y la vida eterna. La realidad es que podemos confiar plenamente en nuestro Padre celestial. Él es perfectamente fiel. La realidad es que somos templos del Espíritu Santo. Por la fe, podemos reclamar el poder de lo alto (Lc 24:49).

Por lo tanto, la humildad es enfrentar la realidad de que no podemos controlar nuestras propias vidas y que no tenemos que proveernos para nosotros mismos. Podemos ser diferentes de los demás, incluso vulnerables, porque tenemos un Padre amoroso. Podemos vivir simplemente porque Dios cuidará de nosotros. Podemos vivir audazmente, libremente y con pureza porque tenemos un poder dentro de nosotros que está por sobre nosotros: el poder del Espíritu. La humildad es vivir en las realidades de la santidad, la sencillez y haciéndonos vulnerables a la persecución. Humillémonos nosotros mismos.

Oración:  Padre, decido humillarme a mí mismo. Pido la gracia de tener más sencillez y menos timidez.

Promesa:  "Yo vi que la gloria del Dios de Israel venía desde el oriente, con un ruido semejante al de las aguas caudalosas, y la tierra se iluminó con Su Gloria" (Ez 43:2).

Alabanza:  Aunque era un rey terrenal, san Luis era famoso por su preocupación por los pobres. Cada día, invitaba a trece de ellos a comer con él.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 19 de enero de 2018

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