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Miércoles, 14 de diciembre de 2016

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san Juan de la Cruz


Isaías 45:6-8, 18, 21-25
Salmos 85:9-14
Lucas 7:18-23

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jesús, el ciego y navidad

"Devolvió la vista a muchos ciegos" (Lucas 7:21).

Jesús dijo que su misión era proclamar "la recuperación de la vista de los ciegos" (Lc 4:18). Él sanó al ciego en Betsaida (Mc 8:25), el ciego Bartimeo (Mc 10:52), y el ciego de nacimiento (Jn 9:7). Después de resucitar a la hija de Jairo de entre los muertos, Jesús restauró la vista a dos ciegos (Mt 9:30). En algunas otras ocasiones, Jesús curó a varias personas ciegas a la misma vez (ver Lc 7:21). Parece que Jesús tenía sus prioridades a la hora de sanar y hacer milagros y, por ello, sanó al ciego en primer lugar de la lista (ver Lc 7:22; Mt 11:5). Jesús parece estar especialmente interesado ​​en sanar a los ciegos.

En este Adviento, Jesús continúa sanando al que está físicamente ciego (ver Heb 13:8). ¡Qué maravillosa Navidad será para los sanados! Sin embargo, aunque la mayoría de nosotros no necesitamos ser sanados de la ceguera física, casi todos nosotros sí necesitamos ser sanados de la ceguera espiritual. Estamos cegados por los falsos dioses de la época actual (2 Co 4:4). Incluso, nosotros los cristianos también estamos cegados (Is 29:9) por la oscuridad del pecado (1 Jn 2:11). Por lo tanto, cuando recibimos el milagro del arrepentimiento, recibimos el milagro de la sanación de la ceguera espiritual. Hemos de arrepentirnos, confesarnos, y dejemos a Jesús que elimine de nuestros ojos los efectos cegadores del pecado. Entonces, podremos tener una verdadera Navidad.

Oración:  Padre, abre los ojos a tu amor, la verdad y la santidad. Abre mis ojos para que vean la maldad del pecado y contemplen la esperanza del arrepentimiento.

Promesa:  "Vuélvanse a mí, y serán salvados, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro" (Is 45:22).

Alabanza:  San Juan trabajó para iluminar a sus compañeros monjes a la necesidad de la reforma. Él tuvo que soportar una brutal e intensa persecución porque no quiso ceder en su convencimiento de que los sacerdotes deben abandonarse completamente a Jesús.