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Sábado, 7 de marzo de 2015

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santas Perpetua y Felicidad


Miqueas 7:14-15, 18-20
Salmos 103:1-4, 9-12
Lucas 15:1-3, 11-32

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el aguafiestas

"Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos" (Lucas 15:29).

¿Has orado durante años sin haber recibido un "cabrito"? ¿Te sientes como un esclavo de la Misa y de la "obligación" dominical? ¿Te ves a ti suficientemente "justo" para poder juzgar a otros cristianos? ¿Te sientes tan cerca de Dios que piensas que no es necesario tener que alabarle constantemente?

Si tu respuesta a alguna de estas preguntas es "sí," entonces puede que te parezcas más al hermano mayor en "la parábola del hijo pródigo" de lo que imaginas. Muchos cristianos, como el hermano mayor, se comparan con otros cristianos. Se nos puede colar la tentación de entrar en rivalidades y celos con otros hermanos cristianos. En una atmósfera así, no hay perdón y la falta de perdón cierra las puertas a la bendición, al gozo y a la paz (Mt 5:24, Eclo 28:3-4).

Este orgullo que no nos permite perdonar, eventualmente nos llena de una tristeza que pesa como una roca y que acaba por convertirse en repugnancia a ir a la iglesia los domingos. Por supuesto, ni quiere decir que habrá veces en que no nos sintamos "deseosos" de ir a Misa. Pero hay más que una obligación. El cristianismo es una forma de vida, que, aunque dolorosa en ocasiones, continúa llenando el vació del corazón. Hemos sido creados para vivir en una relación íntima y de total entrega con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nuestro Padre nos dice: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. ¡Es justo que haya fiesta y alegría!" (Lc 15:31-32).

Oración:  Padre, muéstrame que un corazón que no quiere perdonar es la causa de una vida triste y aburrida.

Promesa:  "Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados" (Miq 7:19).

Alabanza:  Santa Felicidad rehusó negar a Jesús para preservar su vida, incluso por la seguridad del niño recién nacido.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 25 de agosto de 2014

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