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Miércoles, 9 de diciembre de 2015

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san Juan Diego


Isaías 40:25-31
Salmos 103:1-4, 8, 10
Mateo 11:28-30

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descansando con el yugo puesto

"Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí" (Mateo 11:29).

Porque Dios no se fatiga (Is 40:28), y porque pertenecemos al Señor (Rom 14:7-8) y permanecemos en Dios (Jn 15:4), Su Palabra nos asegura que no nos agotaremos cuando hagamos su voluntad (Is 40:29). Dios nos da justo la fuerza necesaria para soportar la carga que estamos destinados a tener. Es lo que Él llama su yugo (Mt 11:29). La fuerza que necesitamos y el descanso que necesitamos, vienen a medida que hacemos su voluntad.

Jesús vino para quitar el yugo opresor de nuestros pecados, el cual nos agobia y nos pesa. Reemplaza ese yugo del pecado con su yugo, lo que Él llama "mi carga" (Mt 11:30). Jesús comparte el yugo con nosotros (y hace la mayor parte del trabajo) e incluso llama a nuestra carga "su" carga. Así, "hallaréis descanso" cargando este yugo al ir a Jesús, quien está al otro lado de la horquilla del yugo. No podemos distanciarnos físicamente de Él, ya que su yugo está al lado del nuestro. Sin embargo, la mayoría de las parejas casadas son las que mejor aprecian que haya alguien a tu lado, aun cuando en ocasiones medie una distancia física de miles de kilómetros. Por lo tanto, encontramos descanso al ir a Jesús, quien está justo al lado de nosotros, con humildad, gratitud y toda nuestra atención.

Tenemos una decisión que tomar al cargar el yugo de Jesús. Podemos considerarlo como soportar una cruz y "decir: '¡Qué fastidio!' " (Mal 1:13). Pensando así, podríamos estar siguiendo a Jesús, pero quejándonos como los israelitas en el desierto (ver Nm 14:2ss). Alternativamente, podemos ir a Jesús (Mt 11:28), aceptando su fuerza y ayuda, y queriendo ir a donde Él nos lleve. Si hacemos esto, encontraremos descanso - justo en el medio de llevar su carga.

Oración:  Padre, que siempre "esforcémonos, entonces, por entrar en ese Reposo" (Heb 4:11) y así encontrar Tu fuerza.

Promesa:  "Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias" (Sal 103:3).

Alabanza:  La humildad y obediencia de san Juan Diego conquistó el Nuevo Mundo más que todos los conquistadores juntos.

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 24 de augusto de 2015.

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