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Lunes, 15 de septiembre de 2014

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Nuestra Señora de los Dolores


Hebreos 5:7-9
Salmos 31:2-6, 15-16, 20
Juan 19:25-27 o
Lucas 2:33-35

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rompiendo barreras

"Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos" (Lc 2:34-35).

Cuando nos hieren, naturalmente nos cerramos a la persona que nos hizo daño, e incluso a otras personas como protección adicional. Cuando María, la madre de Jesús, fue herida, ella hizo todo lo contrario, abriéndose aún más a los demás (ver Hch 1:14). Por lo tanto, nos la imaginamos con su corazón inmaculado expuesto. De hecho, cuando el corazón de María fue traspasado por la espada del dolor, ella no sólo abrió su corazón, sino también el corazón de otros, por lo que "los pensamientos íntimos de muchos" quedaron al descubierto (Lc 2:35).

María pudo hacer esto porque era inmaculada, sin pecado. Nosotros también, mediante el arrepentimiento del pecado, podemos reaccionar al ser heridos abriéndonos de gran manera en lugar de reaccionar naturalmente encerrándonos debido a nuestra falta de perdón, con resentimiento, odio, ira, manipulación, o miedo. Un corazón herido unido y arrepentido, es igual a un corazón abierto. Un corazón herido y en pecado es igual a un corazón endurecido, cerrado. Un corazón roto por las heridas no es el fin, sino el comienzo de un proceso. Tanto las mejores como las peores personas en el mundo se convirtieron en lo que son, debido al sufrimiento de corazones heridos. Nuestro arrepentimiento hace la diferencia entre abrirnos o cerrarnos.

Oración:  Padre, gracias por lo que Tú puedes hacer con un corazón roto.

Promesa:  "Aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (Heb 5:8-9).

Alabanza:  María, madre de Jesús, quedó "llena del Espíritu Santo" y comenzó a "hablar en distintas lenguas" (Hch 1:14; 2:4).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 23 de abril de 2014

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