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Viernes, 20 de junio de 2014

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2 Reyes 11:1-4, 9-18, 20
Salmos 132:11-14, 17-18
Mateo 6:19-23

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bonos de la tesorería

"Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben" (Mateo 6:20).

Atalía, la malvada Reina de Israel acumuló posesiones terrenales. Ella consolidó su tesoro matando a toda la familia real (2 Re 11:1). Sin embargo, las riquezas ganadas a través de intrigas y manipulaciones son como una inundación: aumentan con rapidez, crece en corto tiempo y así mismo "se secará como un torrente" (Eclo 40:13-14). Atalía lo comprobó cuando inesperadamente perdió no sólo sus riquezas sino la vida. En resumen, las riquezas terrenales pueden desvanecerse precipitadamente (Mt 6:19; Lc 12:16). Los que vivieron en 1929, la Gran Depresión en los Estados Unidos, pueden dar testimonio sobre la fugacidad de las riquezas terrenales.

El valiente acto de Josabá de esconder al pequeño Rey Joás en el templo (2 Re 11:3) prefigura la advertencia de Jesús de preocuparnos por acumular tesoros celestiales (Mt 6:20). Estos tesoros celestiales; actos de caridad, ofrendar y orar, están "escondidos en la Casa del Señor" (2 Re 11:3) y no pueden ser destruidos (Mt 6:20). Así como las inversiones alcanzan plena madurez financiera después de un cierto tiempo, de igual manera el tesoro de Josabá alcanzaba su madurez en la seguridad del templo mientras el pequeño Rey Joás crecía (2 Re 11:4).

Siempre obtendremos ganancias de nuestros tesoros celestiales. Nunca se perderán o los robarán. Son como las semillas que el labrador esparce en el terreno. Día tras día, madura lentamente sin que sepamos como ocurre (Mc 4:26). A su tiempo, nuestros tesoros rendirán una indudable e perdurable ganancia.

Oración:  Padre, permíteme usar mis finanzas para atraer a muchos a formar parte de Tu Reino.

Promesa:  "Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón" (Mt 6:21).

Alabanza:  Julia abandonó sus planes profesionales como farmacéutica para criar y educar en casa a sus hijos.

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 1 de abril de 2014

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