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Martes, 21 de octubre de 2014

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Efesios 2:12-22
Salmos 85:9-14
Lucas 12:35-38

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muros y barreras

"Pero ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz; Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba" (Efesios 2:13-14).

La frase traducida "el muro de enemistad" arriba es literalmente "un muro divisorio, una barrera". Todos conocemos el dolor de estar separado por un muro divisorio. Algunos conocen esto en los matrimonios difíciles; parece que la Gran Muralla de China está entre tú y tu cónyuge. Los muros invisibles, divisorios y de enemistad están presentes con demasiada frecuencia en las relaciones familiares. Hay quienes leen este libro y están en la cárcel. Para ustedes, el "muro divisorio" no es invisible sino una realidad física, dura y diaria. Otros sufren hambre, persecuciones, pobreza e injusticias debido a los muros divisorios de unas clases sociales basadas en el dinero, el prejuicio, la raza y el poder.

Llévale a Jesús cualquier muro divisorio que se alce en tu vida. Él reza constantemente para que todo su pueblo sea uno, como Él y el Padre son uno (Jn 17:21). Jesús es el único que puede atravesar muros (Jn 20:26). Él derriba los muros que separan a las personas (Ef 2:14). El Señor derribó los muros de Jericó cuando su gente se presentaba ante Él con obediencia, confianza y alabanzas (Jos 6:20).

Mientras estás separado por un muro, "piensa en Jesús" (Heb 3:1) y no en el muro. El Señor escribe sobre el muro para convencer a los corazones de la gente que está en ambos lados (véase Dn 5:5). Él está de pie junto al muro con una plomada, trazando su destrucción (véase Am 7:7-9). Sólo en Jesús se derriban los muros. Tu cuerpo puede estar atrapado, pero tu corazón, mente y espíritu no lo están. Reza: Señor, "con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla" (Sal 18:30) hacia tus brazos.

Oración:  Padre, estoy atrapado detrás de un muro ahora, pero por tu gracia, viviré siempre detrás de las murallas de la ciudad celestial (Ap 21:14).

Promesa:  "¡Felices los servidores a quienes el Señor encuentra velando a su llegada!" (Lc 12:37).

Alabanza:  Luisa consiguió que su secuestrador entregara su vida a Jesús. Sintió que Jesús había quitado el odio de su vida.

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 3 de junio de 2014

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