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Jueves, 26 de diciembre de 2013

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san Esteban


Hechos 6:8-10; 7, 54-59
Salmos 31:3-4; 6; 8, 16-17
Mateo 10:17-22

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él ha alcanzado ese espíritu navideño

"Yo pongo mi vida en Tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel" (Salmos 31:6).

San Esteban, "ya que el mundo no era digno de él" (Heb 11:38), modeló el perfecto discipulado y testimonió el amor de Dios que todo lo consume. El diácono Esteban (Hch 6:4-6) sabía que él había sido llamado a servir: "Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo" (1Tim 3:13). Más allá del servicio fiel y desinteresado, Esteban exhibió un amor sacrificado y dispuesto a abrazar la cruz. "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos" (Jn 15:13).

¿Estamos dispuestos a proclamar al mundo que somos discípulos del Jesús resucitado? Gritaremos con Esteban: "Veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios" (Hch 7:56). Humanamente, es imposible armarse de valor para alabar y orar de esta manera. No obstante, "No temas" (Hch 18:9). Jesús y el Padre han enviado un "Consolador, el Espíritu Santo," para ayudarte (Jn 14:26). "Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero ese Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rom 18:26).

Por eso, aunque somos discípulos indignos, Jesús dice: "Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará por ustedes" (Mt 10:19-20). Con san Esteban, "Reciban al Espíritu Santo" (Jn 20:22), el verdadero espíritu de Navidad.

Oración:  Padre, lléname con tú "gracia y poder" (Hch 6:8). Pongo mis palabras y mi vida en tus manos (Sal 31:6).

Promesa:  "Aquél que persevere hasta el fin se salvará" (Mt 10:22).

Alabanza:  Aquellos que discutieron con san Esteban, "no encontraban argumentos frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra" (Hch 6:10).

Referencia:  (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 19 de julio de 2013

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