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Viernes, 13 de diciembre de 2013.

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santa Lucía


Isaías 48: 17-19
Salmos 1:1-4, 6
Mateo 11:16, 19

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¡oh no! hijo mío, ¡obedece!

¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río y tu justicia, como las olas del mar! (Isaías 48:18).

En las vísperas ―las oraciones del atardecer― de los últimos ocho días de adviento, la Iglesia tradicionalmente reza las antífonas de admiración con "¡Oh!" y así exclamamos ante Jesús: "Oh Sabiduría" "Oh cetro de Jesé" "O Emmanuel" etc. Yo propongo otra nueva antífona de exclamación: "oh obediencia". Este es el tema de las enseñanzas de la Escritura del día de hoy. El Señor nos compele a que le obedezcamos (Is 48:18) a no ser unos egoístas malcriados (Mt 11:16ss)

La vida cristiana es "vida de obediencia" (1 Pe 1:2) Si no obedecemos a Dios no hay vida en el Espíritu (Hch 5:32). Si no le obedecemos a Él, no le amamos (Jn 15:10, 1 Jn 5:3 ver 1 Pe 1:22) Si no obedecemos a Dios, no creemos en Él (Jn 3:36; Rom 1;5) Si no le obedecemos a Él, no tendremos vida y recibiremos el terrible castigo de Dios (Jn 3:36)

Si María no hubiese obedecido, no hubiese sido la madre de Dios. Si Jesús no hubiese obedecido, no se hubiera hecho hombre y no hubiese muerto en la cruz para salvarnos (Fil 2:8) La obediencia de Jesús destruyó el reino del pecado (Cfr. Rom 5:21) nos dio vida eterna y muchos libres de culpa (Rom 5:19).

A medida que nos acercamos a la llegada de Cristo en estas Navidades, el Señor nos llama a obedecerle como nunca, a que abramos nuevos caminos en obediencia, a que seamos los primeros en obedecer. El Señor quiere que, en el cumplimiento de esta virtud, estemos a la cabeza en nuestra ciudad, parroquia, familia, negocios o vecindario, y que le obedezcamos en todos los planes que Él tiene para nosotros. Obedezcamos de inmediato, obedezcamos a la primera, seamos los primeros, obedezcamos todos sus mandamientos. Vivamos una vida de obediencia.

Oración:  Padre todos obedecen algunos de tus mandamientos. No obstante, puedo decidir yo vivir una vida de obediencia total.

Promesa:  "Yo, el Señor, tu Dios, te enseño lo que es para tu bien, y te guío en el camino que deberás seguir" (Is 48:17).

Alabanza:  La vida de Santa Lucía fue milagrosamente protegida antes de que el Señor le diese su corona de martirio.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 19 de julio de 2013

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