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Miércoles, 11 de diciembre 2013

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Papa san Dámaso I


Isaías 40:25-31
Salmo 103:1-4, 8, 10
Mateo 11:28-30

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¿por cuánto tiempo, señor? (salmo 13:2)

"Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas" (Isaías 40:31).

"La esperanza diferida enferma el corazón" (Prov 13:12). Algunas veces es muy difícil tener que esperar mucho tiempo para ver que el plan de Dios se cumple. ¿Has sentido que tal vez puedas morir antes de ver que la situación haya mejorado? Sin embargo, el Señor no tarda en cumplir su promesa, aunque algunos lo consideran 'tardanza" (2 Pe 3:9). "Si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará" (Hab 2:3).

¿De qué manera aguardamos algo que necesitamos con mucha urgencia, algo que sabemos con seguridad que es la voluntad de Dios, algo sin lo cual no podemos vivir ni un día más? Debemos esperar con paciencia y confianza, sin quejas. Hacer lo contrario sería como insultar a Dios demostrando nuestra falta de fe en su capacidad para dar cumplimento a su promesa. Renovamos nuestras fuerzas "cuando" esperamos en el Señor (Is 40:31, RSV-CE).

La palabra Hebrea que se puede traducir como "esperar" o "tener esperanza" en Isaías 40:31 puede significar también "entrelazar", como se entrelazan las cuerdas de una soga. Por ello, durante el tiempo de espera, dejaremos que el Señor nos envuelva con su presencia así como nosotros nos rodearemos de su presencia. Cuando fuerzas desalentadoras traten de alejarnos, no lo lograrán. Por el contrario, como las cuerdas de una soga, estaremos más fuertemente entrelazados al Señor, más unidos a Él, creciendo en fuerza. Y nunca "se llegará al final de la soga" porque es el Señor quien nos ha atado fuertemente a su presencia.

Por lo tanto, "no se desalienten, no abandonen la lucha" (Heb 12:3). Permanezcan enfocados en Jesús y confíen en Él (Heb 12:2). No se muevan ni media pulgada de la posición de esperanza. "Ustedes estén alerta para no perder el fruto de sus trabajos, de manera que puedan recibir una perfecta retribución." (2 Jn 8).

Oración:  Padre, estaré calmado y reconoceré que Tú eres Dios (Sal 46:11). Esperare en silencio tu salvación (Lam 3:26).

Promesa:  "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré" (Mt 11:28).

Alabanza:  El papa san Dámaso trabajó para la reconciliación de los cismáticos y herejes, para que la Iglesia sea solo una.

Rescripto:  †Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 19 de julio de 2013

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