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Viernes, 7 de Diciembre de 2012

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san Ambrosio


Isaías 29:17-24
Salmos 27:1, 4, 13-14
Mateo 9:27-31

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con ánimo seguro

"Jesús les dijo, ¿creen que yo puedo hacer lo que me piden?" (Mateo 9,28).

Cuando Jesús llegó en la primera Navidad, llegó como el cumplimiento de la Antigua Alianza, de la Ley y de los profetas (Mt 5,17). Durante la primera semana de Adviento, la Iglesia nos enseña cómo Jesús cumple con todas las sorprendentes profecías de Isaías.

Cuando Jesús llega en la primera Navidad, muchos habían estado esperando al Mesías toda su vida, pero a pesar de ello, cuando llegó, no le reconocieron. Era como si estuvieran ciegos ante lo que Dios hacía. Por un lado, esperaban que Dios cumpliera sus promesas; por otro, no tenían la confianza en que pronto Él iba a cumplir sus promesas (Cfr. Mt 9,28).

En algunas áreas de nuestras vidas, nosotros también hemos estado esperando por mucho tiempo que Dios actúe. Quizá sea la conversión de un ser amado, la reparación de una injusticia o el resurgir espiritual de nuestra parroquia. Dios siempre está actuando, pero nosotros podemos estar ciegos ante su obrar. ¿No será que estamos perdiendo confianza en Dios, porque no vemos ninguna señal de sus acciones en nuestras vidas? El Senor promete cumplir sus promesas diciendo, "a través de la tiniebla y oscuridad, los ojos del ciego verán" lo que está haciendo (Is 29,18).

El adviento es el tiempo en que nos preparamos para encontrarnos con Jesus en su venida de Navidad. Jesús vino a cumplir todas sus promesas (Mt 5:17). Jesús te pregunta: "¿Crees que puedo hacerlo?" (Mt 9,28) Espera en Dios con coraje" (Sal 27,14) y fe inquebrantable. Ten confianza, y "estate listo para recibirlo cuando llegue."

Oración:  Jesús, Mesías, abre mis ojos para que yo pueda verte esta Navidad (2Re 6,17) y para que confíe en Ti.

Promesa:  "Aquellos que hayan caminado en Espíritu adquirirán sabiduría" (Is 29,24).

Alabanza:  San Ambrosio, se refería a las Santas Escrituras cuando escribió: "El que esté lleno (de Espíritu Santo), que conforte a los otros." Él mismo, lleno del Espíritu, llenó a san Agustín, y lo convirtió de su vida pecadora a un doctor de la Iglesia Católica.