elevador de grano
“Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno” (Lucas 8:8).
Una cosecha típica de grano en tiempos de Jesús sería de siete a ocho veces de rendimiento. Un rendimiento de cien veces mayor de los granos no se podría atribuir a la habilidad del agricultor o a la calidad de la tierra. Los que escuchaban a Jesús hubieran entendido que solo por la pura gracia de Dios se podría producir cien veces de rendimiento.
Nuestro enfoque en la lectura diaria de las Escrituras puede parecerse al de los israelitas que recogían el maná que Dios proveyó durante décadas en el desierto (Éx 16:14ss). Muchos israelitas seguramente lo recogían rutinariamente año tras año, viendo la comida milagrosa sin comprender y escuchando a otros a sus alrededores en el desierto recogiendo diariamente su milagro del cielo sin comprender (Lc 8:10). Una rutina normal de la lectura del Evangelio a lo mejor no produce una cosecha al ciento por ciento, sino más bien la típica cosecha de siete u ocho veces que la Palabra de Dios automáticamente produce “de si mismo” (ver Mc 4:28). Si, por nuestros propios esfuerzos, estamos realmente atentos al leer diariamente las lecturas de las Escrituras (Lc 8:15), quizás la cosecha aumentará treinta o sesenta veces (Mt 13:8).
Nosotros en Ministerios de la Presentación escribimos Un Pan, Un Cuerpo, para animarlos a leer las lecturas Eucarísticas diarias antes de asistir a la misa diaria. Durante la Misa estamos en el ambiente de los milagros. Día tras día, coloquémonos agradecidamente en la presencia de Jesús y pidámosle expectativamente que nos abra los oídos (Is 50:4). Dios nos transformará en tierra milagrosamente buena, y veremos una cosecha, asombrosamente milagrosa, de ciento por uno o más.
Oración: Padre, me estremezco ante Tu Palabra (Is 66:2).
Promesa: “De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial” (1 Co 15:49).
Alabanza: San Genaro, un obispo, dio su vida a Jesús como mártir junto con tres diáconos, un lector, y dos laicos. Te alabamos Jesús, por nuestros obispos que ofrecen sus vidas por nosotros.
Referencia: (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).
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