buscando obedecer
“¡Tu herida es incurable, irremediable tu llaga! Nadie defiende tu causa, no hay remedio para tu herida, tú ya no tienes cura” (Jeremías 30:12-13).
Jeremías consideraba incurable la condición del pueblo de Dios. Sin embargo, el Señor reveló que esta condición imposible se revertiría. El Señor prometió: "De allí saldrán cantos de alabanza y risas estridentes. Los multiplicaré y no disminuirán, los glorificaré y no serán menoscabados" (Jer 30:19).
Este cambio milagroso se hace de la misma manera en que San Pedro caminó sobre el agua. Pedro pudo caminar sobre el agua (Mt 14:29) fijando sus ojos en Jesús, iniciador y consumador de nuestra fe (ver Heb 12:2). Pedro fue llamado no solo a mirar a Jesús, sino a mirar a Jesús con el propósito de obedecerlo. El salmista ora: “Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor… así miran nuestros ojos al Señor" (Sal 123:1-2). Fijamos nuestros ojos en Jesús tal como los siervos miran las manos de sus amos.
Después de caminar sobre el agua, Jesús sanó a todos los que tocaron tan solo los flecos de su manto (Mt 14:36). Esto es como mirar a Jesús para caminar sobre el agua. Tanto mirar como tocar son actos de obediencia. Dios dijo: cuando “Ustedes llevarán esos flecos, y al verlos se acordarán de todos los mandamientos del Señor" (Núm 15:39).
Los cambios milagrosos se hacen buscando obedecer y tocando para obedecer. El cambio más milagroso de todos y la base de todos los cambios milagrosos se hizo por medio de Jesús "aceptando por obediencia la Muerte y muerte de cruz" (Fil 2:8; ver también Rom 5:19) Obedece al Señor y cambia el mundo.
Oración: Padre, que mi vida sea un caminar sobre las aguas, porque camino en obediencia.
Promesa: “Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante Tu gloria” (Sal 102:16).
Alabanza: Por medio de la fe, san Juan Vianney pudo aceptar obedientemente las altas exigencias de sus deberes sacerdotales.
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