lavanderías
Jesús “al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores” (Lucas 19:45).
Físicamente, necesitamos lavarnos y ducharnos o bañarnos todos los días. Del mismo modo, necesitamos que Jesús limpie el templo de nuestro cuerpo cada día (1 Co 6:19). Podemos dejar que Él purifique nuestro templo de estas cuatro maneras:
1) Ve a confesarte, al menos una vez al mes. En este Sacramento, aplicamos a nuestras vidas la sangre de Jesús, que es el agente purificador más poderoso.
2) Ayuna al menos una vez a la semana. El viernes es el día tradicional de ayuno.
3) Alaba al Señor. Hay algo en alabar al Señor varias veces en un tiempo prolongado, que despeja la suciedad de la confusión, el miedo y el estrés. Nos refresca y nos fortalece.
4) Escucha la Palabra de Dios. Dedicar bastante tiempo a la Palabra de Dios es como darse un baño espiritual (Ef 5:26).
Deja que Jesús limpie tu templo cada día, para que no tenga que purificarte cuando la basura se acumule. Deja que Él se lleve los desperdicios. Límpiate y sé puro como Él (1 Jn 3:3).
Oración: Jesús, "¡lávame totalmente de mi culpa y de pecado!" (Sal 51:4)
Promesa: "Todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de Sus palabras" (Lc 19:48).
Alabanza: Cuando Pedro empezó a ir a confesarse con más frecuencia, encontró que su vida era menos pesada.
Referencia:
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