el milagro de convertirse en prójimo
"¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo?" (Lucas 10:36)
Un abogado le preguntó a Jesús: "¿Quién es mi prójimo?" (Lc 10:29) Jesús asumió que todos eran nuestros prójimos y respondió a otra pregunta: "¿Cómo me convierto en prójimo?" Un prójimo asume la responsabilidad de los demás, incluso de los desconocidos. Un prójimo no es apático. Ser prójimo es una gracia, un milagro. No podemos hacerlo por nuestra propia fuerza.
Puede que no haya tantos prójimos como pensábamos. Incluso los sacerdotes y los religiosos pueden no ser prójimos (ver Lc 10:31-32). Por otro lado, personas inesperadas, como los samaritanos o nuestros enemigos, pueden convertirse en prójimos. Un prójimo ayuda a otros seres humanos simplemente porque son seres humanos. Veneramos a las demás personas como personas no por lo que han hecho o por lo buenas que son, sino simplemente porque son personas (1 Pe 2:17).
Un prójimo no solo refiere a otros a donde pueden recibir más ayuda, sino que también atiende personalmente a quienes lo necesitan. El samaritano alzó al hombre caído "después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo" (Lc 10:34). Por lo tanto, ser prójimo suele ser sucio y caro (Lc 10:34-35). "¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría" (1 Co 12:26). Esta identificación y solidaridad se expresan en compasión (Lc 10:37), es decir, en el "sufrimiento con" la otra persona.
Oración: Padre, haz el milagro de convertirme en prójimo.
Promesa: "Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo” (Gál 1:10)
Alabanza: En una revelación privada, Jesús le dijo a santa Faustina: "Es tu cargo y tu misión a lo largo de tu vida seguir dando a conocer a las almas la gran misericordia que tengo para ellas y exhortarlas a confiar en Mi misericordia sin límite" (Diario, 1567).
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