vengan a las bodas
“Vengan a las bodas” (Mateo 22:4).
El Rey ofrece una invitación para venir al Santo Sacrificio de la Misa, el banquete de bodas del Hijo a Su esposa, la Iglesia (Ap 19:7, 9). Es una tremenda fiesta: Pan del Cielo (Jn 6:32-33), un banquete extraordinario (Is 25:6; Sal 23:5). Este revela la grandeza del jubileo celestial aquí mismo en este planeta. ¡Tremenda invitación! ¿Quién pudiera rechazarla?
Tristemente, muchos “no tuvieron en cuenta la invitación” (Mt 22:5). Tenían muchas razones: deporte, parrillas, fiestas, responsabilidades laborales, la búsqueda del placer, dureza de corazón, y un desprecio descarado por el Rey y su Hijo. “…pero estos se negaron a ir” (Mt 22:3). Se negaron a celebrar y regocijarse. El Rey comentaba que ellos “no eran dignos de él (Mt 22:8).
Muchos católicos dejarán de ir a la Misa hoy. Dios dice: “que se llene mi casa” (Lc 14:23). Seguramente habrá personas con necesidad de aceptar la invitación más amorosa de Dios (Mt 22:9). Les invitamos a ser sirvientes del Rey, “salgan a los cruces de los caminos e inviten a…” Misa a aquellos hambrientos por el banquete nupcial del Señor (Mt 22:9).
Oración: Padre, dame la gracia de estar completamente prendado a Ti y desprendido de todo lo que me separa de Ti.
Promesa: “Yo lo puedo todo en Aquel que me conforta” (Fil 4:13).
Alabanza: “Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!” (Is 25:9)
Referencia: (Esta enseñanza fue presentada por un miembro del equipo editorial).
Rescripto: La revision no estaba disponible en el momento de la impresión ni al ingresar al sitio web.
El Nihil Obstat establece que no existe impedimento para la publicación de un libro o folleto. No implica acuerdo con contenido, opiniones o afirmaciones expresadas en el mismo.
